La cicatrices son hermosas

Las cicatrices son hermosas

Soy presumida. Soy coqueta. Así me describí ante las enfermeras y el anestesista que me atendieron antes de entrar en el quirofano para operarme el hombro. Sólo habían pasado 48 horas del accidente de moto. Les pregunté con los ojos como platos ¿tendré alguna cicatriz? Me dijeron que todo iría bien, con gestos y miradas de comprensión, y me invitaron a que me relajara. Insistieron en que estaría guapa de todas las maneras. Está claro. Sin responderme con un sí o un no rotundos, supe que pronto luciría una nueva cicatriz en mi cuerpo. Les miré confiada y también asustada. Y como si se tratara de una cuña publicitaria incidí en que sólo me operaran el hombro izquierdo. No habría equivocación posible, me dijeron. Te hemos dibujado una flecha en tu hombro fracturado. Respiré aliviada.

La respiración profunda me calmó y me ayudó a ser creativa con la imagen de la flecha en mi hombro herido. Tenía curiosidad en ver cómo la flecha tomaría la forma de cicatriz. Me pregunté qué perspectiva podría ayudarme a confiar en que la operación iría bien. Mi mente viajó al pasado y me transportó a los días que mis hijos nacieron. Los dos nacieron por cesárea y en un quirofano. Yo era coqueta y presumida como hoy y no recuerdo dedicar pensamiento alguno a la cicatriz. La cicatriz me daba igual. No recuerdo que me preocupara. Sólo quería saber que mis niños nacerían fuertes y sanos, y con una barra de pan debajo del brazo, como marca la tradición.

A punto de entrar en el quirófano para intervenir mi hombro, encontré la fórmula mágica para vencer mis peores miedos y temores y afrontar la intervención con coraje. Mi imaginación me llevó a convertir el quirófano en la sala de partos y al cirujano en ginecólogo. Esa era mi poción mágica para calmar los nervios de mi cuerpo y dar la bienvenida, con buena cara y como si fuera una criatura, a mi nueva cicatriz en el hombro. Este cambio de perspectiva me serenó.

La clave estaba en seducir a mi mente, en reconocer y entonces sustituir los pensamientos de miedo que sentía antes de la operación por un accidente imprevisto y traumático por aquellas sensaciones que también en un quirofano me llenaron de felicidad al ver las caritas de mis hijos por primera vez.

Tatúatelo donde quieras. Dilo en voz alta para tomar mayor consciencia. Las cicatrices son hermosas. Así lo veo ahora. Sé lo difícil que es aceptar con buena cara una inesperada cicatriz, especialmente aquellas que nos recuerdan episodios traumático y dolorosos, y nos llevan a revivir heridas del pasado. Cada cicatriz tiene su historia y nos despierta unas emociones que tenemos tatuadas como recuerdo. Cada cicatriz cuenta un trozo de nuestra vida y nos enseña a decidir cómo afrontar nuevas circunstancias que surjan en el futuro. He parido una nueva cicatriz en mi hombro izquierdo. Me la miro de reojo. Le estoy cogiendo cariño. Cada día observo su textura, su color, su camino y cómo se sienta en mi piel. Si tuviera que ponerle un nombre a mi cicatriz, al igual que hice con mis hijos, le pondría virtudes. Cada cicatriz tiene su virtud, su don y una enseñanza que deja huella.

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