Los secretos de un comercial de pura cepa

Los secretos de un comercial de pura cepa

Hoy hablaré de ti. Y me encanta. Me hace mucha ilusión. No sé si a ti te gustará tanto. Tu modestia te define y tu corazón te delata. Así te defino y me encanta que me digas que no tienes perfil comercial. Me entra la risa y sé que cuando lo dices no te identificas con la palabra comercial. Es verdad. Hay mucho comercial osado, agresivo y egocéntrico. Se te revuelve el estómago sólo pensarlo. Te entiendo y quiero retar este pensamiento. Ser comercial es un orgullo y tú lo representas muy bien. Eres comercial de pies a cabeza. Eres pedirólogo de raza. Y ahora lo entenderás todo.

Digo lo que digo porque cada año conozco y entreno a cientos y cientos de comerciales. Y los que me dicen, de primeras, ‘yo no tengo perfil comercial’ se ganan toda mi confianza y mi corazón. SON COMERCIALES y lo digo en mayúsculas. Lo son y punto. Es indiscutible y es un placer conocerles, tocarles y sentirles. Lo sé porque los he vivido de cerca.

A Jordi le conocí en el 2008, en una escuela de negocios, completando un programa de desarrollo directivo. Un chico sencillo, discreto y paciente. De primeras no me fijé en él. Y todo cambió cuando le vi en acción de la forma más pasiva. Eso he escrito. Escuchaba con atención, dejando espacio para que los demás se expresaran, y además su energía daba serenidad y paz. En otras palabras, su silencio tenía la fuerza de empoderar las palabras de los demás. Yo creo que él lo sabía todo de los demás y seguramente, los demás, yo incluida, no sabíamos casi nada de él. ¿No crees que su poder de escucha le convierte en un excelente comercial? Ya sabes cuál es mi respuesta. El buen comercial escucha el doble de lo que habla y sabe danzar en las conversaciones, haciendo preguntas poderosas a sus clientes para desvelar sus necesidades.

Admiro de Jordi su templanza y su ‘medallero vacío’. Quiero decir que su ego está dormido, casi invisible y mudo. No busca tener medallas, éxitos, que alimenten su ego. Esta no es su meta principal, aunque claro que se siente satisfecho cuando consigue lo que se propone. A Jordi le mueve entender y ponerse en la piel de sus clientes o partners, y sobre todo le mueve conseguir acuerdos ganadores para ambas partes. Él no busca ‘colocar’ su objetivo, ya sea vendiendo un producto o un servicio, a nadie. Él busca que las dos partes estén satisfechas. Madre mía, Jordi, eres comercial de pura cepa.

Mi intuición me dice que Jordi es él al 100%. Me da la sensación de que el Jordi padre, amigo, hermano, marido y comercial es el mismo, sin chapa ni pintura. Es él en todos los ámbitos de su vida. No lleva máscaras ni capas, ni representa ningún personaje. Es él en todo momento y esto le hace natural, de verdad, humano y empático. Es de aquellas personas que duermen bien por la noche y sólo aquellas situaciones que cuestionan o confrontan sus valores esenciales, le remueven. Diría que los valores de Jordi son la modestia, el rigor, la transparencia, la coherencia y la familia como eje de su vida. Jordi es un pedazo comercial. Jordi es auténtico. Es pedirólogo al 100%.

Su liderazgo es mágico, muy especial, de textura suave, casi transparente. Hemos celebrado recientemente, en una cena, los 10 años de nuestra promoción y gracias a Jordi este encuentro fue posible. Su gesto fue único y genuino. Diría que no le gusta ser el centro de atención y al mismo tiempo sabe darse a los demás cuando es oportuno. Un par de meses antes de la cena, Jordi creó el grupo de WhatsApp del grupo y lanzó el mensaje inicial de ‘celebremos juntos el décimo aniversario’. Ese primer paso tan necesario como conveniente lo tomó él y luego dio espacio para que otros organizaran y convocaran el encuentro. Me encanta su fuerza para motivar el encuentro, poniéndose al frente, y también su modestia para potenciar a otros compañeros, manteniéndose detrás, con discreción y con serenidad.

Jordi, te lo digo de verdad. Eres un pedazo comercial. No te ofendas. Tú pensabas que ser comercial suponía vender motos, ser fanfarrón, meter chapas y monólogos, y ser egoísta para conseguir tus objetivos, sin importarte el cliente o partner. Nada de eso. Bórralo de tu mente. Eres pedirólogo. Eres comercial por tu capacidad de escucha y empatía, por darte a los demás, por tus ganas de conseguir acuerdos que gusten a ambas partes y por ser tú mismo, fiel a tus valores y a tu propósito. Tienes mucho arte porque antes de pedir, te das a los demás y creas relaciones con sentido. Grita conmigo, soy comercial y con mucho orgullo.

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Silvia Bueso

El secreto para pedir con gancho pasa por dar, dar y dar a los demás. Son las dos caras de una misma moneda: en el pedir está el dar, y el que da, siempre recibe. Por eso, pedir es clave para conseguir hacer realidad tus propósitos, tus sueños.

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